¿Por qué leerás esta entrada?

 «Question Mark Block» por Jared Cherup (CC BY 2.0)
«Question Mark Block» por Jared Cherup (CC BY 2.0)

1. Porque te pregunta cosas

Adoramos que nos hagan preguntas que podemos contestar. ¡Esa me la sé!, decíamos en el colegio con orgullo. Por ello, si encabezas tu escrito con una pregunta (interesante), es muy probable que el lector quiera saber más y siga leyendo hasta el final.  El gurú del copywriting Andy Maslen recomienda mucho esta técnica en su libro Write to Sell.

Es más, si has entrado aquí por el misterioso título de esta entrada, ¿necesitas otra prueba del poder de las preguntas?

2. Todo el mundo ama las listas

¿Hay un invento mejor que las listas? Bueno, quizá me respondas que la imprenta o la penicilina y te daré toda la razón. Sin embargo, no es difícil constatar que las listas se han apoderado de Internet: fíjate en páginas populares como BuzzFeed o Cribeo.

¿Qué tienen en común? Pues que muchos de sus posts tienen un formato similar a «11 mejores grupos de [inserta aquí tu género musical favorito]»  o «7 gatitos que harán que te partas de risa». Y no creas que el amor por las listas es un fenómeno reciente; ya los antiguos griegos se divertían enumerando las ciudades más poderosas de su tiempo.

Las listas tienen éxito por varios motivos. En primer lugar, dividen la información en fragmentos más pequeños y más fáciles de asimilar en una red saturada de distracciones. En segundo lugar, las listas nos hacen sentir bien porque, al ir al grano, ahorramos tiempo y nos quedamos con datos interesantes.

Por último, una lista tiene la ventaja de que señala su final: el título nos avisa de que hay cinco elementos, por ejemplo, y ni uno más ni uno menos. Esto es algo similar a la moda reciente, que se extiende por algunos sitios web, de indicar el tiempo estimado de lectura de un artículo.

3. La brujería de los enlaces

Una entrada sin enlaces es como una tortilla sin cebolla, y que me disculpen los sincebollistas militantes. Pero es cierto y no tienes por qué creerme a mí, sino a tus ojos: como eres inteligente, estoy seguro de que prefieres el contenido bien documentado con enlaces de referencia. A nadie le gusta que le den gato por liebre ni leer a alguien que pontifica sin demostrar de dónde saca la información.

En Somarí Creativos creemos que la mejor mercadotecnia de una empresa o proyecto es contar la verdad. Y la honestidad requiere que enseñemos nuestras cartas con un surtido variado de enlaces que nos respalden. Eso sí, ¡tampoco nos pasemos! Una entrada no es un artículo para una revista académica.

4. Contenido bien sazonado

El texto plano cansa y no tiene mucho sentido una era tan visual como la nuestra. Inserta vídeos de Youtube relacionados con lo que cuentas, imágenes, gifs animados o infografías. Algunos gifs incluso pueden mostrar de un vistazo cómo funciona el mundo:

gifswordpress

5. Microhumor

Según el interesante bloguero Scott Alexander, el microhumor es un toque gracioso que no llega a explotar como chiste.  Si puedes usar una pequeña dosis de humor en tus textos, hazlo, aunque sea un estilo simpático. Y te lo recomiendo porque conseguir una sonrisa en el lector conduce a la conquista de su confianza. Por supuesto, examina que el microhumor conviene a tu voz de marca, pues no es válido para todos los negocios, productos o servicios.

Para concluir, te recuerdo que en Somarí Creativos ofrecemos servicios de redacción y reescritura que pueden darle vida a tu página web.  Estaremos encantados de ayudarte.

Anuncios

¿Qué es una marca?

«Brands» por brett jordan (CC BY 2.0)
«Brands» por brett jordan (CC BY 2.0)

¿Y tú me lo preguntas? Una marca… eres tú.

Todos somos marcas porque dejamos una impresión en los demás. Los que saben de nuestra existencia tienen diferentes opiniones sobre nosotros (o ninguna) cuando evocan nuestra cara, nuestro nombre o alguna situación que hemos vivido juntos. No importa si esa impronta que dejamos en el ecosistema social se corresponde o no con lo real.

Como decían en la película Inception, las ideas son los parásitos más persistentes. Se aferran a las neuronas de los demás y son contagiosas. Así, nuestra marca personal cristaliza en nuestra reputación, en la sencilla pregunta ¿qué piensan los demás sobre nosotros? Con la enorme cantidad de información que hay, es imposible analizar una a una a cada persona con la que tratamos para obtener una imagen objetiva. Nuestra mente emplea el atajo de los estereotipos para tener un resumen práctico.

La marca personal no es otra cosa que el nódulo de todas las impresiones que producimos, una red de estereotipos, valores e ideas que segregamos por diversos canales (como las redes sociales) y fijamos en la química cerebral del resto de la gente. Es decir, todo aquello que hace que los demás crean que somos buenos o malos trabajadores o jefes, humildes o altaneros, confiables o estafadores.

Las marcas comerciales son las más conocidas. Son lo primero que nos viene a la sesera cuando pensamos en una marca: Coca-Cola, Apple, Nestlé, Google. Una marca comercial no es un logotipo ni los productos que llevan su sello. Tampoco es el conjunto de personas que trabaja para la empresa. Las marcas comerciales, al igual que las marcas personales, son impresiones. Ideas. Ficciones útiles que pueden llegar a transformar el planeta.

Cuenta el historiador israelí Yuval Harari que la marca francesa Peugeot empezó en la primera década del siglo XIX como un pequeño negocio manufacturero de café y bicicletas. Fue a partir de 1882 cuando Armand Peugeot se interesó en el futuro del automóvil e invirtió en este sector, al intuir el francés que habría beneficios tarde o temprano. Hoy, Peugeot es una marca reconocida en todos los continentes, emplea a 200.000 personas y mueve cientos de millones de euros. Las marcas, como cualquier mito, nación o meme poderoso que inflame nuestra imaginación, tienen la capacidad de movilizar a grandes masas de personas que no se conocen entre sí para edificar proyectos colectivos.

De hecho, el gurú del marketing y del branding Martin Lindstrom compara el éxito de marcas como Apple, Hello Kitty, Harley-Davidson o Disney con el triunfo de los grandes cultos religiosos al extenderse y ser venerados por millones de personas. Tanto las religiones como las grandes marcas tienen símbolos fáciles de llevar en camisetas o en una cadena; poseen un sentido de pertenencia que cohesiona al grupo y convierte a los seguidores más fieles en embajadores de su marca o religión; mantienen ciertos rituales, a veces revestidos de cierta dosis de secretismo, como vemos en la presentación de un nuevo producto de Apple. No faltan tampoco los misterios oficiales, como la famosa fórmula de la Coca-Cola o la receta original del Kentucky Fried Chicken del Coronel Sanders. Y también caracterizan a estas marcas la presencia de líderes carismáticos con una visión clara de su marca, como los míticos Steve Jobs y Walt Disney.

En definitiva, las marcas, grandes o pequeñas, son más complejas de lo que pensamos. Y si una marca quiere crecer tendrá que tomar nota de las estrategias seguidas por las grandes, de su capacidad para fidelizar a sus seguidores y para generar sentimientos poderosos, de poner las reglas del juego en su sector. Pondrá empeño en extender su propia fuerza y mostrará una confianza prudente en sus capacidades. Conocerá sus limitaciones y, sobre todo, tendrá muy claro qué quiere ser y qué impresiones quiere marcar para la posteridad.

Un vídeo diferente para enamorar a tus clientes

Sín título, por fliegender (CC BY 2.0).
Sin título, por fliegender (CC BY 2.0).

Todos tenemos un buen recuerdo de algún anuncio de la televisión. Como la memoria a largo plazo es muy selectiva, nuestro cerebro es un preciado reino a conquistar por miles de marcas todos los días. Si un spot nos enamora, el producto puede ocupar durante largo rato un lugar en nuestra mente y quizá acabemos como los personajes humanos de Inside Out, tarareando un jingle pegadizo similar a «Triple dental».

Con plataformas audiovisuales como Youtube o Vimeo, los anuncios y vídeos corporativos han invadido Internet. Esto también supone cierta democratización, ya que una marca pequeña o un emprendedor desconocido con un proyecto interesante pueden acceder a una audiencia global con un presupuesto bajo. Y si tienen la suerte de que su vídeo sea tan simpático o peculiar que se convierta en viral, mucho mejor.

Esto implica que tendrás que competir a sangre y fuego contra youtubers populares, vídeos cortos de gatitos, experimentos sociales, tutoriales de todo tipo y canales muy entretenidos y trabajados. En la pugna por la atención del posible consumidor o interesado, no queda otra que conocer los códigos de tu gente: qué es lo que tu público quiere ver y escuchar. Y tu público quiere contemplar lo que es tu empresa o proyecto de verdad. Tus instalaciones, tus ideas, tus trabajadores, tu trabajo. Lo que sea, pero que sea tuyo. Evita que tu vídeo corporativo resulte así de genérico, aburrido y típico:

En Somarí Creativos somos partidarios de crear contenido diferente de calidad. Nos gusta trabajar con marcas y con emprendedores que creen en sí mismos y que se atreven a abandonar los clichés. Por ello, te ofrecemos un servicio de creación de vídeo para difundir tu proyecto, producto o servicio. Puede ser un videotráiler de tu último libro, un vídeo de introducción a un producto o servicio que mencione sus virtudes o un vídeo corporativo donde destaque tu sello y que no cometa los mismos errores que el estándar que hemos puesto arriba.

¿Debo promocionarme en Facebook?

 «Facebook» por Scott Beale (CC BY 2.0).
«Facebook» por Scott Beale (CC BY 2.0).

Lo confieso. Paso buena parte de mi tiempo en Facebook. Ya esté en el móvil o en el portátil, me gusta desplazarme con la rueda del ratón y ver lo que se cuece en este curioso vecindario virtual. ¿No te pasa lo mismo? Como saben los psicólogos, somos adictos a las novedades y nos apasiona la inmediatez.

El ser humano es además una especie social, que disfruta del chisme, de enterarse de qué hacen los demás y de contar su día a día de forma oral o cibernética. No en vano, hasta el 65% de nuestras conversaciones versan sobre otras personas. ¡Somos supersociales!

Si tienes una marca (¡o tú eres la marca!) no te lo pienses dos veces: tienes que salir en Facebook sí o sí. No lo digo por decir. Somarí Creativos está en Facebook y en Twitter, y hemos trabajado en proyectos que implican crear y gestionar las cuentas de usuario en las redes de nuestros clientes. Por experiencia, te garantizo que Facebook es uno de los peces gordos que no puedes dejar escapar.

Necesitas una página de Facebook que refleje tu marca, y publicar contenido de calidad. Tu presencia en Internet ganará muchos puntos, y a una excelente visibilidad en la red le sigue todo lo demás (como las ventas). No olvides que las redes sociales son para generar comunidad en torno a tu marca.

Invirtiendo muy poco dinero al día, puedes lograr maravillas: que tus seguidores aumenten más allá de tus amigos y conocidos habituales; que la gente del rincón del mundo que prefieras (pues se puede elegir) haga clic a «Me gusta»; que puedas definir un público objetivo basándote en intereses, conducta, género, edad y hasta género cinematográfico predilecto. Todo esto es posible y nosotros podemos hacerlo por ti, con mucho gusto, con nuestro servicio de campaña publicitaria de Facebook.

¿Por qué crear una ‘startup’? [Infografía]

Ya te habrás dado cuenta, estoy seguro. Todo el mundo habla de las startups o emprendimientos. Lo habrás escuchado en la televisión, en una conversación con tus amigos, en Twitter. ¿Pero qué son y por qué deberías montar una? ¿Son una moda más de estos tiempos cambiantes o han venido para quedarse?

Una startup es una pequeña empresa emergente que obtiene toda su fortaleza de la tecnología y la innovación. De este modo, puede llegar a crecer hasta límites insospechados. Piensa en Facebook, por ejemplo. Comenzó como una humilde red universitaria y acabó convertida en una metrópolis global de más de 1600 millones de usuarios activos. ¡Nada menos! Es un buen porcentaje de nuestra querida humanidad.

Desde luego, no todas las startups se transforman en algo similar a la archiconocida red social de Facebook, pero tienen un gran potencial si se hacen bien desde el principio. Para ello, requieren un equipo pequeño pero eficiente (“small is beautiful) y una fuerte idea motriz que tenga posibilidades de crecer y crecer como las habichuelas mágicas del famoso cuento. Un equipo reducido implica más contacto humano y confianza. La confianza es la clave del éxito de las relaciones sociales y, por extensión, de las empresariales.

Armados con una idea revolucionaria, los miembros de una startup están listos para irrumpir en el mercado, cubrir una necesidad en los consumidores y ganar un lugar en el mundo. Internet y el ámbito móvil amplifican el impacto de tu startup de forma exponencial. Así que, si estás pensando en emprender, piensa en pequeño, apuesta por la simplicidad elegante de un emprendimiento, genera un liderazgo fuerte y sin titubeos, y sé ambicioso.

En Somarí Creativos estamos dispuestos a ayudarte en lo que necesites para lanzar tu empresa: redacción, diseño, redes sociales, campañas de posicionamiento en Google y más. Puedes descubrir más sobre por qué deberías tener una startup en la siguiente infografía, aportada por Linio:

Startup

Cuatro grandes consejos de la mitología griega para tu empresa

icarus
Landon’s Daedalus and Icarus, (1799) óleo sobre lienzo. (Musée des Beaux-Arts et de la Dentelle, Alençon).

 

La mitología griega es un mundo apasionante, ¿no crees? Cuando me enseñaron en secundaria algunas pinceladas de cultura clásica, lo pasé genial: toda esa miríada de dioses con sentimientos y pasiones muy humanas, héroes inmortales que hacen hazañas épicas y monstruos temibles que amenazan la existencia del universo. Pero lo más importante de los mitos griegos, a mi entender, es que son el espejo más hermoso y sincero de la naturaleza humana: de aquello que hemos sido, que somos y que podemos llegar a ser. Nos muestran lo mejor y lo peor de nuestra especie, sin edulcorante alguno.

Por eso, la cultura griega (en ocasiones idealizada) ha sido la escuela cultural de las naciones durante siglos. Y hoy en día, los mitos helénicos no han muerto en los libros polvorientos, sino que gozan de buena salud. Los mitos son mentiras que esconden verdades universales. Nos pueden enseñar lecciones interesantes y duras sobre nuestra empresa y la vida misma. Veamos cuatro grandes consejos de la mitología griega muy útiles para cualquier emprendedor.

El vuelo de Ícaro:

No había un cerebro tan formidable como el de Dédalo, el constructor del laberinto de Creta. No me gustaría caer en el anacronismo, pero podríamos considerarlo el emprendedor por excelencia de la mitología griega (sin olvidarnos de Prometeo, el titán que desafió a los dioses olímpicos para regalar el fuego divino a los humanos, ni de Hefesto, el dios herrero). Dédalo era tan bueno en lo suyo que llegó a inventar la sierra con solo doce años, tras tomar como referencia una espina de pescado que vio en la playa. Y no se limitó a la sierra: también creó el compás, la rueda de alfarero y, cómo no, edificó maravillas como el famoso laberinto de Creta por orden del legendario rey Minos, hijo de Europa y Zeus.

Pero la voluntad de los gobernantes es caprichosa y después de prestar numerosos servicios a su majestad, Dédalo perdió el favor real y cayó en desgracia.  Esto había pasado porque Teseo, el mítico rey de Atenas,  había asesinado al Minotauro y escapado del intrincado edificio, gracias al hilo de Ariadna.  Por tanto, Minos consideró a Dédalo como responsable de la fuga de Teseo y lo encerró junto a su hijo, Ícaro, dentro del laberinto, asegurándose de que cualquier escapatoria era imposible.

Y lo era. Dédalo e Ícaro no podían huir por tierra ni por mar: Creta era una isla y Minos vigilaba bien todos los caminos y las costas. Era un momento de desesperanza total. ¿Qué podían hacer? Pues lo imposible: usaron su ingenio para construirse unas alas, uniendo plumas con cera y cordel. Y echaron a volar. Volaron y volaron, adentrándose cada vez más en las nubes. Como nos cuenta Apolodoro, Dédalo recomendó a su hijo que no volara tan alto, porque la cera de las alas se derretiría mientras más cerca estuviese del sol. Pero Ícaro era un joven entusiasmado con esta nueva aventura y desoyó los consejos de su padre. Y así fue como la cera comenzó a derretirse e Ícaro acabó cayendo al mar, llamado luego mar de Icaria por su nombre.

La moraleja de esta historia es simple: conoce tus limitaciones rápido o te estrellarás sin piedad. Cuando uno comienza a emprender quiere comerse el mundo. Sin embargo, el fracaso es lo más común. No todos somos Steve Jobs y la mayoría de las ocasiones el éxito se hace esperar… y hay que ganárselo con esfuerzo (y suerte). No hay nada fácil y como dijo un gran pensador hace tiempo, todo lo valioso es tan difícil como raro.

Cronos y Urano:

La Teogonía de Hesíodo es uno de los textos más poderosos de todos los tiempos. Adoro las obras literarias cuyo comienzo coincide con el origen de un cosmos: el Enuma Elish, el Popol Vuh o el Génesis, del Antiguo Testamento, son buenos ejemplos. En la Teogonía presenciamos el parto del Todo: primero era el Caos, nos dice Hesíodo, y luego fue Gea, la Tierra. Gea y Urano, el cielo y señor del universo, engendraron a un vasto número de criaturas, titanes y dioses. Uno de los titanes más poderosos era Cronos, que soñaba con arrebatarle el trono a su padre.

Y un día su sueño se hizo realidad. Urano estaba harto de sus hijos, que le odiaban y ambicionaban su poder, así que impedía que Gea engendrara más vástagos. La pobre Tierra estaba a punto de reventar en mil pedazos, ya que no podía dar a luz y los hijos por nacer bullían en su amplio seno. Por tanto, Gea ideó una arriesgada argucia con sus hijos y Cronos fue el único que dio un paso adelante y se decidió a llevarla a cabo. La madre le dio una hoz a Cronos y perpetraron la trampa. Esperaron a que Urano viniera y se extendiera en torno a Gea, lleno de deseo, mientras Cronos estaba escondido empuñando el arma terrible. Entonces, cuando Urano estaba distraído, Cronos castró a su padre y se convirtió en el señor del mundo, junto a su esposa Rea. Fue entonces cuando comenzó la Edad de Oro, la era mítica, cantada por los poetas, en la que los dioses gobernaban a los humanos y no existía la injusticia.

Lo que nos ilustra este trágico y cruel mito es que, en ocasiones, hay que arriesgarse para florecer. Hay que quemar las naves y avanzar sin mirar atrás. El acto terrible de Cronos es una analogía de los sacrificios que todo emprendedor debe hacer al abandonar su zona de confort: renunciar a la comodidad de la estabilidad para abrazar el amor a la incertidumbre que conlleva manejar una empresa.

Polifemo y  «Nadie»:

Si la Teogonía es el comienzo de los comienzos, la Odisea, de Homero,  es el arquetipo mitológico del viaje y el retorno al hogar. Su protagonista es Odiseo, el célebre rey de Ítaca y astuto guerrero que participó en la guerra de Troya, la madre de todas las batallas de la mitología (con permiso de la Titanomaquia). Después de obtener la victoria frente a los troyanos, gracias a la estratagema del caballo, sugerida por el mismo Odiseo, cuya inteligencia no tenía rival entre los mortales, era momento de paz, del regreso a la rutinaria y amable vida en el hogar. Pero un retorno nunca fue tan escabroso ni tan largo como el del rey de Ítaca y sus hombres. Un regreso que saca a la luz el valor del compañerismo en las situaciones más difíciles y el poder de la esperanza, hasta en los días más oscuros. Si has leído la Odisea o has visto alguna de las películas basadas en su historia, quizá te has sentido más identificado con Odiseo, un héroe humano que siente una nostalgia infinita por su patria y por su gente, que con el sanguinario y orgulloso Aquiles, de la Ilíada.

Odiseo vive lo increíble. Viaja a la isla de los lotófagos, donde sus habitantes comen loto y olvidan todo; son como zombis. Se encuentra con las Sirenas, temibles criaturas mitad pájaro y mitad mujer que hacen enloquecer a los marineros con su canto y los conducen a los acantilados para una muerte segura. Se topa con los gigantes antropófagos denominados lestrigones, que hacen estragos en su tripulación. Incluso conoce a Circe, la hechicera que convirtió a sus compañeros en cerdos.

Sin embargo, uno de los episodios más curiosos fue el encuentro con los cíclopes, los salvajes gigantes con un solo ojo en la frente que no conocían ningún tipo de hospitalidad. Odiseo y sus compañeros se toparon con Polifemo, un cíclope que era hijo de Poseidón, el dios olímpico de los mares. Y no fue un encuentro agradable: Polifemo devoraba a los hombres de Odiseo sin compasión. Los cogía y se los echaba a la boca, sin más. Entonces, el cíclope decidió encerrar a los protagonistas en su cueva poniendo una enorme roca en la entrada. No había manera de salir de ahí; parecía que estaban acabados. No obstante, Odiseo era el héroe de las mil artimañas y pensó en un plan. Primero, emborracharon a Polifemo con vino como una presunta muestra de agradecimiento y confianza. Fue en esa ocasión cuando el monstruo preguntó a Odiseo cómo se llamaba y él dijo que su nombre era «Nadie». Por descontado, Nadie es un buen nombre para pasar desapercibido y para confundir a una criatura con pocas luces.

Después de constatar que Polifemo estaba borracho como una cuba y roncaba muy fuerte, Odiseo y sus hombres cegaron al cíclope con un palo afilado y el gigante, lleno de cólera, salió de su caverna para pedir ayuda a otros de su estirpe. Cuando llegaron los demás, Polifemo les gritó que «Nadie le había herido». Naturalmente, los cíclopes lo dieron por loco y se marcharon.

A la mañana siguiente, Odiseo y sus compañeros consiguieron escapar amarrados al vientre de las ovejas del rebaño del cíclope. Las ovejas salieron en tropel y Polifemo, palpándolas, no notó que los héroes se daban a la fuga. Así pues, cuando ya estaban zarpando Odiseo y los suyos, el rey de Ítaca le dejó bien claro con socarronería, al hijo de Poseidón, que él no era «Nadie», sino Odiseo.

Lo que podemos aprender de esta historia es que hay que ser más astuto y flexible que tus adversarios. Sé que esto parece una perogrullada pero a veces lo olvidamos. El emprendedor debe amar la estrategia, tener siempre presentes las enseñanzas de Sun Tzu y anticiparse a su competencia. Odiseo sabía que Polifemo haría el bufón al creer que su verdadero nombre era «Nadie», y vio venir de forma instintiva que esa era la clave para la supervivencia de sus amigos. En el ámbito de la empresa, ser «Nadie» equivale a ser escurridizo y adaptable como una sombra, imprevisible y camaleónico. Y en el mundo de la redacción freelance, mi sector, conviene tener cierto espíritu zen: desprenderse del ego para trabajar mejor.

Sísifo y su roca:

Y para acabar, uno breve. ¿Quién era Sísifo? Sísifo era el hijo de Eolo y Enareta y un hombre increíblemente listo. O, más que listo, listillo, en el sentido de pícaro. Con sus triquiñuelas y su avaricia, consiguió una gran fortuna, ya que era ambicioso por encima de todas las cosas y no tenía límites morales. Y valoraba tanto su vida que cuando la muerte (Tánatos) fue a su encuentro, pues ya era la hora, Sísifo la encadenó y nadie pudo morir durante un tiempo. Sísifo, el hombre que derrotó a la mismísima muerte. Un sueño de toda la humanidad desde que el mundo es mundo, ¿no? Como ya nos lo demuestra la antigua historia de Gilgamesh.

Pero los dioses no son compasivos. Si los fastidias, te pueden destrozar en la vida… y también en la otra vida, en el Hades. Por tanto, castigaron a Sísifo con un destino terrible: fue condenado a empujar una roca hasta la cima de una colina por los siglos de los siglos, sin que jamás llegue a cumplir con su tarea, ya que la piedra rueda siempre hacia abajo, ¡y debe empezar otra vez! ¿Qué sentido tiene todo esto? El filósofo francés Albert Camus interpretó de una manera bastante interesante este mito en uno de sus ensayos. El mito de Sísifo es como la existencia humana, donde el esfuerzo de hacer las cosas, el amor por el trabajo es lo que cuenta, aunque todo pueda ser absurdo. El castigo de Sísifo es cruel pero incluso este hombre, que podría ser el hombre más infeliz de todos, puede sentirse realizado en lo que hace. Todavía tiene su roca y su labor: empujarla. Y así somos nosotros. Los psicólogos experimentales han descubierto que nos gustan los retos y las dificultades, escalar montañas porque estaban ahí o emprender porque había una idea y teníamos que llevarla a cabo. Forma parte de nuestra naturaleza como exploradores natos. Así son las cosas.

«Cada uno de los granos de esta piedra, cada fragmento mineral de esta montaña llena de oscuridad, forma por sí solo un mundo. El esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre. Hay que imaginarse a Sísifo dichoso».

Diez mandamientos para escribir mejor

Just Have a Great Day & Merry Christmas! -  VIKTOR HANACEK
Just Have a Great Day & Merry Christmas! – VIKTOR HANACEK

Decíamos por estos lares que descuidar la redacción te hace perder clientes. Hoy, te voy a contar un par de trucos caseros que me parecen muy efectivos para escribir mejor, con más elegancia y estilo. Con estos ingredientes básicos ese pastel, tu texto, quedará delicioso. Sigue estos mandamientos a rajatabla y te lo garantizo.

1. Amarás las palabras cortas.

El pensador español Baltasar Gracián dijo “lo bueno, si breve, dos veces bueno”. Y tenía razón. Las palabras cortas permiten una comunicación más fluida. Y no, que no te engañen: que una palabra sea más larga no significa que sea más culta. Usa norma en lugar de normativa, fin y no finalidad, crédito en vez de credibilidad. ¿Por qué decir clarificar y no aclarar? ¿Posicionamiento? Mejor posición, postura.

2. Acabarás todas las oraciones.

Si hay sujeto tiene que haber predicado. Si dejas un elemento de la oración descolgado has creado un anacoluto. Con este “palabro” nos referimos a una inconsistencia producida por una mala construcción de la frase. Te pongo un ejemplo:

Ese señor, que te está mirando, su perro es muy  gracioso.

Suena raro, ¿verdad? Lo cierto es que los anacolutos pueblan nuestro uso oral del lenguaje y ahí son casi inevitables. Pero en el papel son espantosos y quedan mal.

El perro de ese señor, que te está mirando, es muy gracioso.

Ya nos entendemos. Menos mal.

3. Honra a la concordancia por encima de todas las cosas.

Pongo la mano en el fuego. Estoy seguro de que habrás leído algo así alguna vez:

La mayoría creen que eso es incorrecto.

Es un error común porque creemos que el sujeto está en plural, ya que implica un grupo de gente. Pero basta mirar el determinante, la, y la propia palabra mayoría, para comprobar que el sujeto está en singular y requiere un verbo en tercera persona del singular, cree y no creen:

La mayoría cree que eso es incorrecto.

Mejor, ¿no?

4. No harás literatura fuera de la literatura.

Un clásico de la publicidad, David Ogilvy, cuenta en Confesiones de un publicitario que escritores como Byron, Hemingway, Faulkner y Aldous Huxley redactaron algunos anuncios publicitarios. Y no cosecharon ni el más mínimo éxito. ¿Por qué? Por emplear un estilo donde no corresponde. Lo literario a lo literario y lo comercial a lo comercial. Según Ogilvy, en un anuncio publicitario hay que evitar la lírica y la oscuridad.

Él mismo cuenta que una vez cayó en la tentación de ser pretencioso: usó la palabra inefable sin tener muy claro su significado. El discurso de una empresa o una marca tiene que ir al grano, presentar hechos y conmover al espectador. Un mensaje comprendido en poco tiempo es un buen mensaje. Si tu propuesta requiere que el cliente acuda a un oráculo o a un filósofo que interprete sus misteriosos entresijos, es una mala propuesta. O, sí, puede ser un anuncio publicitario estándar de un perfume.

5. Usarás bien los verbos.

El verbo hacer es un comodín, vale para todo. Puedo hacer un proyecto, hacer un regalo o incluso hacer una broma. También puedo tener una idea, tener un sueño o tener un plan. Por esto, la gente sesuda que investiga el lenguaje considera que estos verbos no tienen significado o lo tienen muy débil. Sin embargo, cuentas con verbos con mucha más fuerza que expresan lo mismo en menos palabras: proyectar (hacer un proyecto), regalar (hacer un regalo), bromear (hacer una broma), idear (tener una idea), soñar (tener un sueño) y planear (tener un plan).

Además, ama la voz activa y sé prudente con la voz pasiva, que se hace fuerte por la influencia de los medios en inglés. Si está en pasiva, está claro que se puede decir en activa ¡y ganará potencia!

6. Evitarás las oraciones muy largas y confusas.

Si hay particulares dificultades para edificar en un país desierto una nueva ciudad, en cambio se encuentra sin duda suficiente material pero tanto mayores obstáculos de otra naturaleza, cuando se trata de dar una nueva disposición a una vieja ciudad, edificada sólidamente y mantenida en un estado constante de posesión y población; entre otras cosas hay que decidirse también a dejar de emplear mucho del material que, sin embargo, es apreciable.

Uf. Una oración que parece infinita, con mil incisos y subordinadas, no invita a su lectura. Para nada. Aunque tengo que advertir que hice trampa: lo de arriba es un fragmento de un libro de Hegel, un filósofo alemán del siglo XIX. Pero a veces en la exageración está la verdad: oraciones largas y liosas las encontramos todos los días. Y ya si hablamos de un párrafo repletito de oraciones retorcidas, puede ser el infierno.

Los estudiosos señalan que el número máximo de palabras que contiene una oración ideal está entre veinte y treinta.  Y si es más larga, puedes dividirla, cortarla. Las comas y los puntos son gratis. La cuestión es que el lector no lo pase fatal, intentando retener toda esa información en la cabeza. No es cómodo porque somos mamíferos y no computadoras. Nos distraemos, nos cansamos. Lo único que provocarás es que al lector le salga humo por las orejas.

7. No emplearás los adjetivos ni los adverbios en vano.

Aquella noche era lluviosa, oscura y fría. Los árboles se mostraban frondosos, oscuros y ruidosos…

Y así. Meter un popurrí de adjetivos no tiene mucho sentido. Ralentiza la lectura y le resta importancia a los verdaderos protagonistas: los sustantivos. Meter con calzador una retahíla de adjetivos no demuestra que seas un gran escritor. Más bien, todo lo contrario. Los buenos redactores usan pocos adjetivos pero bien elegidos. Esto es: si puedes eliminar un adjetivo, hazlo sin miedo. Además, recuerda que la posición importa. No es lo mismo un gran perro que un perro grande.

Lo mismo ocurre con los adverbios que acaban en -mente. Son el recurso fácil y feo, así que huye de ellos. No lo digo yo, lo dice Stephen King. Bueno, él es más radical: cree que “el infierno está plagado de adverbios”. Nada menos.

8. Huirás de las fórmulas rutinarias.

Cómodos plazos. Fatal desenlace. Día inolvidable. Inquietantes imágenes. Rabiosa actualidad. Oferta irrepetible. Espiral de violencia. Fiesta de la democracia. 

¿Harto? Normal. Estarás cansado de oír estas expresiones. Están en todas partes: en la televisión, en los periódicos, en los medios digitales, aquí y allá. Quizá tuvieron sus tiempos de gloria (vaya, otra fórmula rutinaria) pero ya están gastadas por el uso y la repetición. No contribuyas a que sigan rodando en el lenguaje y conspira a favor de su extinción.  Será un mundo mejor.

9. No serás ambiguo.

Pepe fue al aeropuerto con Juan y su esposa.

Una pregunta: ¿de quién es la esposa? ¿De Pepe o de Juan? Hay ambigüedad en esa oración por la falta de cohesión de sus elementos. La cosa cambia modificando un poco el orden:

Pepe fue al aeropuerto con su esposa y con Juan.

Ya no hay dudas. ¿Verdad? O eso esperamos, por el bien de Pepe. O casos como:

La elección del nuevo presidente.

¿El presidente es el sujeto que toma esa elección? ¿O ha sido elegido? Un nuevo misterio más sin resolver, a causa del uso ambiguo de nombres que derivan de verbos. Procura que tus frases sean claras en todo momento.

10. La originalidad es tu señora.

Como no podía ser de otra manera, el último mandamiento es alejarnos de la monotonía. Tener cierta voluntad de estilo, de marcar nuestra personalidad con la pluma. Eso sí: respetando las reglas que hemos explicado aquí en todo momento. Un estilo original y rompedor no tiene por qué ser sinónimo de un español maltratado. Respeta el lenguaje y exprime todos sus recursos. Hazlo tuyo. O, si quieres, podemos ayudarte en la tarea.

Referencias:

Para saber más, recomiendo un vistazo a El libro del español correcto (2012), del Instituto Cervantes. Una biblia de referencia para los redactores y amantes de la lengua. Un libro muy completo.

Por qué descuidar la redacción te hace perder clientes

VIKTOR HANACEK – Business/Office Morning Coffee

Seguro que te ha pasado. Querías comprar algo y lo buscaste en Internet. Al final, encontraste el producto deseado y voilà, acabaste llegando a una página web que lo ofrece. Y todo bien. Incluso el precio no está nada mal, así que piensas en adquirirlo. ¿Qué puede ir mal?

Sin embargo, en un segundo vistazo, el español incorrecto de la página te hace recular. Hay cosas que te chirrían, la verdad. Problemas gramaticales graves, falta de concordancia entre el sujeto y el verbo o, peor, errores ortográficos plagan las líneas de la página, ya sea en el Quiénes Somos, una ventana para mostrar tu equipo al mundo, ya en las descripciones de los productos o servicios.

¿Estarías dispuesto a dar tu dinero con toda confianza a una empresa o un particular que confunde a ver con haber, o hay con ahí? Si no cuidan de manera apropiada su comunicación, ¿mostrarán mimo, profesionalidad y paciencia con sus clientes? Si una empresa no posee un mínimo de detallismo y, por qué no decirlo, cierto perfeccionismo con su presencia en Internet generará desconfianza. Y la falta de confianza es la peor enemiga de una venta. Es la culpable de que alguien se plantee dos y hasta tres veces si de verdad quiere hacer clic. Y con razón.

Piénsalo bien. Si tienes una pequeña empresa, que incursiona en el mundo de las ventas online, ¿no te preocupa que tus potenciales clientes tengan una mala imagen de tu página web? Ten en cuenta que en el competitivo cosmos de las empresas online, el elemento diferenciador es clave. Es aquello que hace que tu empresa sea única. Una redacción correcta, elegante y sencilla puede marcar la diferencia y lograr que sobrevueles a la competencia.

El gran poeta francés Paul Valéry dijo en una ocasión que la sintaxis era un valor moral. Es decir, que un lenguaje bien estructurado y fluido revela la claridad de tus valores e ideas, la potencia de tus productos y la eficacia de tus servicios. Las palabras son el mejor escaparate de tu empresa. Por supuesto, la misión del lenguaje en la empresa es fortalecer las virtudes de lo que existe, no mentir con exageraciones baratas. Si la empleas de forma adecuada y estratégica, la redacción es tu mejor aliada en el éxito.

En Somarí Creativos contamos con redactores que se toman muy en serio el lenguaje. Son expertos en las letras y les apasiona la comunicación escrita. Si necesitas ayuda con la redacción de textos o prefieres una corrección, puedes consultar y contratar nuestros servicios. Estaremos encantados de echarte una mano y de resolver cualquier duda que tengas.