¿Por qué leerás esta entrada?

 «Question Mark Block» por Jared Cherup (CC BY 2.0)
«Question Mark Block» por Jared Cherup (CC BY 2.0)

1. Porque te pregunta cosas

Adoramos que nos hagan preguntas que podemos contestar. ¡Esa me la sé!, decíamos en el colegio con orgullo. Por ello, si encabezas tu escrito con una pregunta (interesante), es muy probable que el lector quiera saber más y siga leyendo hasta el final.  El gurú del copywriting Andy Maslen recomienda mucho esta técnica en su libro Write to Sell.

Es más, si has entrado aquí por el misterioso título de esta entrada, ¿necesitas otra prueba del poder de las preguntas?

2. Todo el mundo ama las listas

¿Hay un invento mejor que las listas? Bueno, quizá me respondas que la imprenta o la penicilina y te daré toda la razón. Sin embargo, no es difícil constatar que las listas se han apoderado de Internet: fíjate en páginas populares como BuzzFeed o Cribeo.

¿Qué tienen en común? Pues que muchos de sus posts tienen un formato similar a «11 mejores grupos de [inserta aquí tu género musical favorito]»  o «7 gatitos que harán que te partas de risa». Y no creas que el amor por las listas es un fenómeno reciente; ya los antiguos griegos se divertían enumerando las ciudades más poderosas de su tiempo.

Las listas tienen éxito por varios motivos. En primer lugar, dividen la información en fragmentos más pequeños y más fáciles de asimilar en una red saturada de distracciones. En segundo lugar, las listas nos hacen sentir bien porque, al ir al grano, ahorramos tiempo y nos quedamos con datos interesantes.

Por último, una lista tiene la ventaja de que señala su final: el título nos avisa de que hay cinco elementos, por ejemplo, y ni uno más ni uno menos. Esto es algo similar a la moda reciente, que se extiende por algunos sitios web, de indicar el tiempo estimado de lectura de un artículo.

3. La brujería de los enlaces

Una entrada sin enlaces es como una tortilla sin cebolla, y que me disculpen los sincebollistas militantes. Pero es cierto y no tienes por qué creerme a mí, sino a tus ojos: como eres inteligente, estoy seguro de que prefieres el contenido bien documentado con enlaces de referencia. A nadie le gusta que le den gato por liebre ni leer a alguien que pontifica sin demostrar de dónde saca la información.

En Somarí Creativos creemos que la mejor mercadotecnia de una empresa o proyecto es contar la verdad. Y la honestidad requiere que enseñemos nuestras cartas con un surtido variado de enlaces que nos respalden. Eso sí, ¡tampoco nos pasemos! Una entrada no es un artículo para una revista académica.

4. Contenido bien sazonado

El texto plano cansa y no tiene mucho sentido una era tan visual como la nuestra. Inserta vídeos de Youtube relacionados con lo que cuentas, imágenes, gifs animados o infografías. Algunos gifs incluso pueden mostrar de un vistazo cómo funciona el mundo:

gifswordpress

5. Microhumor

Según el interesante bloguero Scott Alexander, el microhumor es un toque gracioso que no llega a explotar como chiste.  Si puedes usar una pequeña dosis de humor en tus textos, hazlo, aunque sea un estilo simpático. Y te lo recomiendo porque conseguir una sonrisa en el lector conduce a la conquista de su confianza. Por supuesto, examina que el microhumor conviene a tu voz de marca, pues no es válido para todos los negocios, productos o servicios.

Para concluir, te recuerdo que en Somarí Creativos ofrecemos servicios de redacción y reescritura que pueden darle vida a tu página web.  Estaremos encantados de ayudarte.

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¿Qué es una marca?

«Brands» por brett jordan (CC BY 2.0)
«Brands» por brett jordan (CC BY 2.0)

¿Y tú me lo preguntas? Una marca… eres tú.

Todos somos marcas porque dejamos una impresión en los demás. Los que saben de nuestra existencia tienen diferentes opiniones sobre nosotros (o ninguna) cuando evocan nuestra cara, nuestro nombre o alguna situación que hemos vivido juntos. No importa si esa impronta que dejamos en el ecosistema social se corresponde o no con lo real.

Como decían en la película Inception, las ideas son los parásitos más persistentes. Se aferran a las neuronas de los demás y son contagiosas. Así, nuestra marca personal cristaliza en nuestra reputación, en la sencilla pregunta ¿qué piensan los demás sobre nosotros? Con la enorme cantidad de información que hay, es imposible analizar una a una a cada persona con la que tratamos para obtener una imagen objetiva. Nuestra mente emplea el atajo de los estereotipos para tener un resumen práctico.

La marca personal no es otra cosa que el nódulo de todas las impresiones que producimos, una red de estereotipos, valores e ideas que segregamos por diversos canales (como las redes sociales) y fijamos en la química cerebral del resto de la gente. Es decir, todo aquello que hace que los demás crean que somos buenos o malos trabajadores o jefes, humildes o altaneros, confiables o estafadores.

Las marcas comerciales son las más conocidas. Son lo primero que nos viene a la sesera cuando pensamos en una marca: Coca-Cola, Apple, Nestlé, Google. Una marca comercial no es un logotipo ni los productos que llevan su sello. Tampoco es el conjunto de personas que trabaja para la empresa. Las marcas comerciales, al igual que las marcas personales, son impresiones. Ideas. Ficciones útiles que pueden llegar a transformar el planeta.

Cuenta el historiador israelí Yuval Harari que la marca francesa Peugeot empezó en la primera década del siglo XIX como un pequeño negocio manufacturero de café y bicicletas. Fue a partir de 1882 cuando Armand Peugeot se interesó en el futuro del automóvil e invirtió en este sector, al intuir el francés que habría beneficios tarde o temprano. Hoy, Peugeot es una marca reconocida en todos los continentes, emplea a 200.000 personas y mueve cientos de millones de euros. Las marcas, como cualquier mito, nación o meme poderoso que inflame nuestra imaginación, tienen la capacidad de movilizar a grandes masas de personas que no se conocen entre sí para edificar proyectos colectivos.

De hecho, el gurú del marketing y del branding Martin Lindstrom compara el éxito de marcas como Apple, Hello Kitty, Harley-Davidson o Disney con el triunfo de los grandes cultos religiosos al extenderse y ser venerados por millones de personas. Tanto las religiones como las grandes marcas tienen símbolos fáciles de llevar en camisetas o en una cadena; poseen un sentido de pertenencia que cohesiona al grupo y convierte a los seguidores más fieles en embajadores de su marca o religión; mantienen ciertos rituales, a veces revestidos de cierta dosis de secretismo, como vemos en la presentación de un nuevo producto de Apple. No faltan tampoco los misterios oficiales, como la famosa fórmula de la Coca-Cola o la receta original del Kentucky Fried Chicken del Coronel Sanders. Y también caracterizan a estas marcas la presencia de líderes carismáticos con una visión clara de su marca, como los míticos Steve Jobs y Walt Disney.

En definitiva, las marcas, grandes o pequeñas, son más complejas de lo que pensamos. Y si una marca quiere crecer tendrá que tomar nota de las estrategias seguidas por las grandes, de su capacidad para fidelizar a sus seguidores y para generar sentimientos poderosos, de poner las reglas del juego en su sector. Pondrá empeño en extender su propia fuerza y mostrará una confianza prudente en sus capacidades. Conocerá sus limitaciones y, sobre todo, tendrá muy claro qué quiere ser y qué impresiones quiere marcar para la posteridad.

¿A qué sabe tu logotipo?

Synesthesia, por Kristen Stacy (CC BY 2.0)
Synesthesia, por Kristen Stacy (CC BY 2.0)

Saborear las texturas, oler los colores, ver las notas musicales. No, no solo es una metáfora —aunque también lo es—, son las sensaciones que experimentan las personas con sinestesia.

La sinestesia (del griego syn – unión y aisthesis – sensación) es la capacidad de experimentar con un sentido estímulos recibidos por otro. Como mencioné, un sinestésico puede sentir sabores en determinados colores o sonidos, también percibe colores en las letras o en los números, por poner solo algunos ejemplos. A menudo, los sinestésicos no son conscientes de que los demás no tienen estas sensaciones.

En mi caso, yo solía pensar que todos veían, como yo, la ‘A’ de color amarillo, la ‘E’ verde y la ‘O’ roja. Creía que era algo por todos sabido. También ciertos números se me aparecen en colores. Y las texturas y matices de ciertos cuadros me disparan una oleada de sabores y aromas perfectamente distinguibles en mi lengua, en mi nariz y mi paladar. Y esa experiencia es sumamente agradable.

Este video lo explica bastante bien: SINESTESIA. ¿A qué sabe el morado?

No estoy segura de cumplir o no los criterios para ser considerada una sinestésica, y ciertamente no importa. Por lo que he leído, todos cuando éramos bebés teníamos un cerebro sinestésico. Las conexiones neuronales se especializan con el paso del tiempo en el sentido que les corresponde. Pero todos tuvimos esa capacidad, y me gusta pensar que existen remanentes de ella en cada uno.

He descubierto una forma de aplicar este «cruce» de sentidos para resolver un reto profesional cotidiano: traducir las necesidades de los clientes en trabajos de diseño como logotipos, ilustraciones, portadas de libro.

Para el diseñador, es todo un desafío traducir la idea que tiene el cliente sobre su proyecto o negocio en algo visible. En Somarí Creativos, tratamos de facilitar la comunicación haciendo unas preguntas antes de comenzar el trabajo: ¿Qué palabras o conceptos te vienen a la cabeza cuando piensas en tu proyecto (producto, servicio, libro, negocio…)? ¿Qué colores tienes en mente? ¿Qué figuras imaginas? ¿Cómo visualizas la tipografía?

La idea es hacer que el cliente relacione el nombre de su marca con un color específico (¿Es una paleta brillante o de colores pastel?), con una forma específica (¿Tiene ángulos marcados o contornos suaves y redondeados?). Pero, me encantaría poder preguntarles: ¿A qué sabe tu logotipo, a qué huele? ¿Qué música suena en la portada de tu libro? ¿Qué colores tienen las letras de tu marca?

Quizá lo haga. A riesgo de ser considerada loca, tal vez me anime a apelar a la sinestesia residual en sus cerebros para que podamos entenderlos mejor y tratar de crear mejores trabajos para ellos.

Taste 1, por Electrolux Design Lab (CC BY-NC 2.0)
«Taste 1», por Electrolux Design Lab (CC BY-NC 2.0)