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Diez mandamientos para escribir mejor

Just Have a Great Day & Merry Christmas! -  VIKTOR HANACEK
Just Have a Great Day & Merry Christmas! – VIKTOR HANACEK

Decíamos por estos lares que descuidar la redacción te hace perder clientes. Hoy, te voy a contar un par de trucos caseros que me parecen muy efectivos para escribir mejor, con más elegancia y estilo. Con estos ingredientes básicos ese pastel, tu texto, quedará delicioso. Sigue estos mandamientos a rajatabla y te lo garantizo.

1. Amarás las palabras cortas.

El pensador español Baltasar Gracián dijo “lo bueno, si breve, dos veces bueno”. Y tenía razón. Las palabras cortas permiten una comunicación más fluida. Y no, que no te engañen: que una palabra sea más larga no significa que sea más culta. Usa norma en lugar de normativa, fin y no finalidad, crédito en vez de credibilidad. ¿Por qué decir clarificar y no aclarar? ¿Posicionamiento? Mejor posición, postura.

2. Acabarás todas las oraciones.

Si hay sujeto tiene que haber predicado. Si dejas un elemento de la oración descolgado has creado un anacoluto. Con este “palabro” nos referimos a una inconsistencia producida por una mala construcción de la frase. Te pongo un ejemplo:

Ese señor, que te está mirando, su perro es muy  gracioso.

Suena raro, ¿verdad? Lo cierto es que los anacolutos pueblan nuestro uso oral del lenguaje y ahí son casi inevitables. Pero en el papel son espantosos y quedan mal.

El perro de ese señor, que te está mirando, es muy gracioso.

Ya nos entendemos. Menos mal.

3. Honra a la concordancia por encima de todas las cosas.

Pongo la mano en el fuego. Estoy seguro de que habrás leído algo así alguna vez:

La mayoría creen que eso es incorrecto.

Es un error común porque creemos que el sujeto está en plural, ya que implica un grupo de gente. Pero basta mirar el determinante, la, y la propia palabra mayoría, para comprobar que el sujeto está en singular y requiere un verbo en tercera persona del singular, cree y no creen:

La mayoría cree que eso es incorrecto.

Mejor, ¿no?

4. No harás literatura fuera de la literatura.

Un clásico de la publicidad, David Ogilvy, cuenta en Confesiones de un publicitario que escritores como Byron, Hemingway, Faulkner y Aldous Huxley redactaron algunos anuncios publicitarios. Y no cosecharon ni el más mínimo éxito. ¿Por qué? Por emplear un estilo donde no corresponde. Lo literario a lo literario y lo comercial a lo comercial. Según Ogilvy, en un anuncio publicitario hay que evitar la lírica y la oscuridad.

Él mismo cuenta que una vez cayó en la tentación de ser pretencioso: usó la palabra inefable sin tener muy claro su significado. El discurso de una empresa o una marca tiene que ir al grano, presentar hechos y conmover al espectador. Un mensaje comprendido en poco tiempo es un buen mensaje. Si tu propuesta requiere que el cliente acuda a un oráculo o a un filósofo que interprete sus misteriosos entresijos, es una mala propuesta. O, sí, puede ser un anuncio publicitario estándar de un perfume.

5. Usarás bien los verbos.

El verbo hacer es un comodín, vale para todo. Puedo hacer un proyecto, hacer un regalo o incluso hacer una broma. También puedo tener una idea, tener un sueño o tener un plan. Por esto, la gente sesuda que investiga el lenguaje considera que estos verbos no tienen significado o lo tienen muy débil. Sin embargo, cuentas con verbos con mucha más fuerza que expresan lo mismo en menos palabras: proyectar (hacer un proyecto), regalar (hacer un regalo), bromear (hacer una broma), idear (tener una idea), soñar (tener un sueño) y planear (tener un plan).

Además, ama la voz activa y sé prudente con la voz pasiva, que se hace fuerte por la influencia de los medios en inglés. Si está en pasiva, está claro que se puede decir en activa ¡y ganará potencia!

6. Evitarás las oraciones muy largas y confusas.

Si hay particulares dificultades para edificar en un país desierto una nueva ciudad, en cambio se encuentra sin duda suficiente material pero tanto mayores obstáculos de otra naturaleza, cuando se trata de dar una nueva disposición a una vieja ciudad, edificada sólidamente y mantenida en un estado constante de posesión y población; entre otras cosas hay que decidirse también a dejar de emplear mucho del material que, sin embargo, es apreciable.

Uf. Una oración que parece infinita, con mil incisos y subordinadas, no invita a su lectura. Para nada. Aunque tengo que advertir que hice trampa: lo de arriba es un fragmento de un libro de Hegel, un filósofo alemán del siglo XIX. Pero a veces en la exageración está la verdad: oraciones largas y liosas las encontramos todos los días. Y ya si hablamos de un párrafo repletito de oraciones retorcidas, puede ser el infierno.

Los estudiosos señalan que el número máximo de palabras que contiene una oración ideal está entre veinte y treinta.  Y si es más larga, puedes dividirla, cortarla. Las comas y los puntos son gratis. La cuestión es que el lector no lo pase fatal, intentando retener toda esa información en la cabeza. No es cómodo porque somos mamíferos y no computadoras. Nos distraemos, nos cansamos. Lo único que provocarás es que al lector le salga humo por las orejas.

7. No emplearás los adjetivos ni los adverbios en vano.

Aquella noche era lluviosa, oscura y fría. Los árboles se mostraban frondosos, oscuros y ruidosos…

Y así. Meter un popurrí de adjetivos no tiene mucho sentido. Ralentiza la lectura y le resta importancia a los verdaderos protagonistas: los sustantivos. Meter con calzador una retahíla de adjetivos no demuestra que seas un gran escritor. Más bien, todo lo contrario. Los buenos redactores usan pocos adjetivos pero bien elegidos. Esto es: si puedes eliminar un adjetivo, hazlo sin miedo. Además, recuerda que la posición importa. No es lo mismo un gran perro que un perro grande.

Lo mismo ocurre con los adverbios que acaban en -mente. Son el recurso fácil y feo, así que huye de ellos. No lo digo yo, lo dice Stephen King. Bueno, él es más radical: cree que “el infierno está plagado de adverbios”. Nada menos.

8. Huirás de las fórmulas rutinarias.

Cómodos plazos. Fatal desenlace. Día inolvidable. Inquietantes imágenes. Rabiosa actualidad. Oferta irrepetible. Espiral de violencia. Fiesta de la democracia. 

¿Harto? Normal. Estarás cansado de oír estas expresiones. Están en todas partes: en la televisión, en los periódicos, en los medios digitales, aquí y allá. Quizá tuvieron sus tiempos de gloria (vaya, otra fórmula rutinaria) pero ya están gastadas por el uso y la repetición. No contribuyas a que sigan rodando en el lenguaje y conspira a favor de su extinción.  Será un mundo mejor.

9. No serás ambiguo.

Pepe fue al aeropuerto con Juan y su esposa.

Una pregunta: ¿de quién es la esposa? ¿De Pepe o de Juan? Hay ambigüedad en esa oración por la falta de cohesión de sus elementos. La cosa cambia modificando un poco el orden:

Pepe fue al aeropuerto con su esposa y con Juan.

Ya no hay dudas. ¿Verdad? O eso esperamos, por el bien de Pepe. O casos como:

La elección del nuevo presidente.

¿El presidente es el sujeto que toma esa elección? ¿O ha sido elegido? Un nuevo misterio más sin resolver, a causa del uso ambiguo de nombres que derivan de verbos. Procura que tus frases sean claras en todo momento.

10. La originalidad es tu señora.

Como no podía ser de otra manera, el último mandamiento es alejarnos de la monotonía. Tener cierta voluntad de estilo, de marcar nuestra personalidad con la pluma. Eso sí: respetando las reglas que hemos explicado aquí en todo momento. Un estilo original y rompedor no tiene por qué ser sinónimo de un español maltratado. Respeta el lenguaje y exprime todos sus recursos. Hazlo tuyo. O, si quieres, podemos ayudarte en la tarea.

Referencias:

Para saber más, recomiendo un vistazo a El libro del español correcto (2012), del Instituto Cervantes. Una biblia de referencia para los redactores y amantes de la lengua. Un libro muy completo.

Por qué descuidar la redacción te hace perder clientes

VIKTOR HANACEK – Business/Office Morning Coffee

Seguro que te ha pasado. Querías comprar algo y lo buscaste en Internet. Al final, encontraste el producto deseado y voilà, acabaste llegando a una página web que lo ofrece. Y todo bien. Incluso el precio no está nada mal, así que piensas en adquirirlo. ¿Qué puede ir mal?

Sin embargo, en un segundo vistazo, el español incorrecto de la página te hace recular. Hay cosas que te chirrían, la verdad. Problemas gramaticales graves, falta de concordancia entre el sujeto y el verbo o, peor, errores ortográficos plagan las líneas de la página, ya sea en el Quiénes Somos, una ventana para mostrar tu equipo al mundo, ya en las descripciones de los productos o servicios.

¿Estarías dispuesto a dar tu dinero con toda confianza a una empresa o un particular que confunde a ver con haber, o hay con ahí? Si no cuidan de manera apropiada su comunicación, ¿mostrarán mimo, profesionalidad y paciencia con sus clientes? Si una empresa no posee un mínimo de detallismo y, por qué no decirlo, cierto perfeccionismo con su presencia en Internet generará desconfianza. Y la falta de confianza es la peor enemiga de una venta. Es la culpable de que alguien se plantee dos y hasta tres veces si de verdad quiere hacer clic. Y con razón.

Piénsalo bien. Si tienes una pequeña empresa, que incursiona en el mundo de las ventas online, ¿no te preocupa que tus potenciales clientes tengan una mala imagen de tu página web? Ten en cuenta que en el competitivo cosmos de las empresas online, el elemento diferenciador es clave. Es aquello que hace que tu empresa sea única. Una redacción correcta, elegante y sencilla puede marcar la diferencia y lograr que sobrevueles a la competencia.

El gran poeta francés Paul Valéry dijo en una ocasión que la sintaxis era un valor moral. Es decir, que un lenguaje bien estructurado y fluido revela la claridad de tus valores e ideas, la potencia de tus productos y la eficacia de tus servicios. Las palabras son el mejor escaparate de tu empresa. Por supuesto, la misión del lenguaje en la empresa es fortalecer las virtudes de lo que existe, no mentir con exageraciones baratas. Si la empleas de forma adecuada y estratégica, la redacción es tu mejor aliada en el éxito.

En Somarí Creativos contamos con redactores que se toman muy en serio el lenguaje. Son expertos en las letras y les apasiona la comunicación escrita. Si necesitas ayuda con la redacción de textos o prefieres una corrección, puedes consultar y contratar nuestros servicios. Estaremos encantados de echarte una mano y de resolver cualquier duda que tengas.

¿Por qué necesitas textos de calidad?

Imagen: Bachtiar Rahady / CC BY
Imagen: Bachtiar Rahady / CC BY

Explicar qué servicios ofrece tu empresa es crucial para conseguir nuevos clientes. También lo es comunicar adecuadamente la identidad de tu proyecto o negocio.

Como emprendedor, muchas veces tienes una idea muy clara sobre estos puntos pero se te dificulta expresarla por escrito.

Las habilidades de redacción y corrección de textos de un profesional pueden ayudarte a expresar de manera llamativa los objetivos de tu empresa a los clientes e inversores, o ante el mismo personal que labora en ella.

¿Necesitas expresar tu visión, misión y valores? Cómo líder sabes perfectamente hacia dónde quieres llevar a tu empresa, pero es posible que tengas dificultades para explicarlo. Lo ideal es que estos textos estén escritos claramente para que expresen el rumbo de tu empresa y lo que pretende lograr.

¿Tienes que hacer una importante presentación de negocios? Tal vez tratas de atraer a un inversor o concretar una alianza con un socio. Considera lo importante que es que el texto sea correcto y no tenga faltas de ortografía o gramática. Una presentación descuidada podría alejar a potenciales socios de negocio que prestan atención a los detalles.

En Somarí Creativos podemos ayudarte a resolver tus necesidades de redacción y corrección de textos. Consulta y contrata nuestros servicios aquí: ¿Qué servicios ofrecemos?